El barrio cubano

El barrio cubano

Hay algunos ingredientes que no le faltan a los barrios cubanos: el dominó, la vecindad y la música. No es un cliché. Al menos uno de estos elementos sobrevive a una comunidad de veinte o más cubanos.

Empecemos por la música. Cuando se habla de ella, por supuesto que no nos referimos a los gustos particulares de cada quien. Hablamos de esa persona que cuando menos uno se lo espera suelta el volumen y le impone su lista de éxitos al resto. O simplemente sale, bocina en mano, y planta la fiesta en la esquina. La esquina de todos, esa que pensamos que, como es pública, acepta lo que venga.

Y ya que estamos en la esquina, ahí mismo es donde se forma el dominó. ¡El deporte nacional!

En los barrios siempre hay un torneo de dominó. Es el entretenimiento cuando no hay fútbol o pelota. Pero también es la manera de celebrar las victorias en el fútbol y en la pelota. Se trata de la mesa que reúne a las familias, a los amigos y hasta a los desconocidos.

Y de los desconocidos saltamos a los vecinos. La vecindad es esa relación “de amor odio” que se establece entre quienes comparten un pequeño espacio geográfico.

Los momentos claves para conocer a quienes viven en tu barrio (y hasta un poco más allá), nunca fallan.

Son varios, aunque los principales resultan: cuando nace una criatura. Entonces desfilan por la casa todas las personas del barrio, incluyendo aquellas con quienes solo has cruzado un "hola".

Segundo momento, cuando caes en un hospital. Ahí no falta el vocero del área, que se encarga de ir todos los días para actualizarte de lo que transcurre en tu ausencia. Además de llevarte buenos deseos y pronta mejoría. Y por supuesto, el tercer acto, cuando muere alguien.

En todas estas situaciones en las que la gente del barrio te celebra, te critica, o simplemente le da igual, siempre hay alguien que sube su música, mientras otros plantan el dominó para alegrarte o acompañarte en el dolor.

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