El coronavirus y los cubanos

El coronavirus y los cubanos

Hablar, pensar y vivir el nuevo coronavirus Covid -19 no es una moda hoy, lamentablemente. Es la realidad que golpea a unos 135 países de todo el mundo con más de tres mil personas muertas y un sinnúmero de contagiados.

Para cubanos y cubanas la pandemia es preocupación constante. Los que están en la isla temen por quienes están afuera, su gente en otros países; en tanto los que viven en otras naciones, sufren por quienes siguen allí, en medio del Caribe. Y así, un círculo vicioso de angustias, esperanzas, deseos…

Para suerte de ambas partes, la conexión por datos salva la comunicación y mientras haya megas para consumir (sin salir de casa), habrá textos, mensajitos de voz y hasta memes.

Abarrotan las redes las fotos de filas en las tiendas y los estantes vacíos en Estados Unidos y Europa. Y salen los cubanos que no olvidan (la eterna crisis), a salvar estos momentos: “el acaparamiento no nos sorprende”. “Hemos sobrevivido a épocas peores”. “No es indispensable el papel higiénico”.

En tanto, se comparten en las redes imágenes de tiendas en La Habana también desabastecidas, desde antes del coronavirus. Estantes de centros comerciales repletos de botellas de vino. Y los que están en la isla dicen parecido: “al coronavirus lo mata el alcohol, pues tenemos lo que hace falta”.  “Hemos sobrevivido a otras…”

Y se juega y se divierten los de un sitio y los de otros, como para aplacar la nostalgia, el pánico, las ganas de estar en familia, con los suyos. Privados de abrazos, pero cerca los unos de los otros.

Los de Cuba buscan en las noticias las cifras en España, en Italia… donde quiera que está su gente. Los otros siguen con detenimiento los 4 casos confirmados y los más de doscientos que están en observación en La Habana. Así el lazo se hace más estrecho y cada quien, por su parte, y desde su parte, le da aliento a su otra parte.

Los cubanos, de aquí y allá, creen que la solidaridad, el ingenio, el aguante que los ha salvado de mucho. Piensan que quizás también del coronavirus.

Mientras, se aprenden de memoria las medidas, se mandan y construyen nasobucos, se gastan las manos de tanto lavarlas, se llaman, se hablan. Esperan por el próximo tiempo, cuando al fin se junten los unos y los otros, y el abrazo no dependa de los megas.

 

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